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El Covid-19 y el nuevo colapso de la economía mundial en 2020


Justo cuando la economía mundial se preparaba para superar la fase de estancamiento que duró casi todo 2019, dos acontecimientos la volvieron a situar en una condición de mayor gravedad: la propagación de la pandemia del covid-19 y la crisis en el mercado petrolero de principios de marzo de 2020. Estos tres elementos confluyeron en el tiempo y en las principales economías del planeta, produciendo un escenario económico y social que supera lo vivido apenas 10 años antes, en la crisis general del capitalismo de 2008-2009, y que tiene comparación en algunas de sus manifestaciones con los escenarios vividos tras la Segunda Guerra Mundial. El objetivo del presente ensayo consiste en la reconstrucción de esta sincronía de acontecimientos políticos y sociales y en la manera en que se manifiestan en la sociedad mexicana.

Texto completo en el Índice temático.


Covid-19 and the new world economy collapse in 2020

Just as the world economy was preparing to overcome the stagnation phase that lasted almost all of 2009, two events placed it in a more serious condition: the spread of the Covid-19 pandemic and the oil market crisis in early March 2020. These three elements cconverged in time and in the main economies of the planet, producing an economic and social scenario that exceeds what was experienced justo 10 years earler, in the general crisis of capitalism in 2008-2009, and which is compared in some of its manifestations with the scenarios experienced after the Second World War. The objetive of this essay is to reconstruct this synchrony of political and social events and the way in which they are manifested in Mexican society.

Full text in the Thematic Index.





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El capitalismo mundial y la economía mexicana

  

Miguel Ángel Lara Sánchez

1.      Los cambios en el modo de producir a nivel mundial

 

A dos décadas de la nueva centuria las principales transformaciones ocurridas en el capitalismo mundial podemos agruparlas en lo que corresponde a su proceso laboral y a su proceso de valorización del capital. Nos encontramos en el momento en que las transformaciones derivadas de la automatización de las tareas de control – y de la automatización del trabajo mental en general-, con base en los computadores digitales, está llegando a su punto máximo de despliegue, poco más de 25 años después de que la economía planetaria se revolucionara con Internet, a principios de los años noventa del siglo anterior. La unión de la telemática con la medicina y la biología, más los desarrollos últimos en la nanotecnología, están creando las bases para las revoluciones en las condiciones técnicas y sociales de la producción capitalista y con ello una nueva forma de extracción de plusvalía relativa, que dará pie a un nuevo ciclo de larga duración.

Los desarrollos en inteligencia artificial (IA) y en el internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), por un lado, marcan las innovaciones fundamentales en el terreno de la cibernética y las telecomunicaciones. En lo que se refiere a la inteligencia artificial, su objeto consiste en la automatización de funciones cerebrales complejas y por tanto, en la objetivación creciente de procesos laborales basados en el conocimiento o en el trabajo intelectual complejo, como por ejemplo el diagnóstico médico, la abogacía, la predicción, el aprendizaje, etc. Para ello se requiere de nuevos medios de trabajo tales como la programación especial y computadoras de alta capacidad para el manejo de grandes bases de datos (big data), anchos de banda grandes, redes celulares y satelitales, y la extensión cuasi masiva de las fibras ópticas, prefencialmente. Su tendencia inmediata es la sustitución de la fuerza de trabajo especializada en una gran variedad de oficios: en los médicos, abogados, analistas, programadores y en general del trabajo intelectual vivo por el trabajo intelectual complejo objetivado, automatizado.

Y como las funciones de monitoreo, vigilancia y comando de la fuerza de trabajo que se sitúa al lado del proceso inmediato de trabajo se automatizan con la IA, se produce la expulsión progresiva del trabajo cerebral humano de estas funciones. En la esfera de la producción, sus aplicaciones apenas comienzan (sistema de salud, relaciones laborales, economía digital y otras); pero en la esfera de la circulación del capital es donde más desarrolladas se encuentran sus aplicaciones, tales como en la mercadotecnia, el transporte, las criptomonedas y labanca. Merece especial atención la creación de autómatas que, por su manejo de grandes masas de información, posibilitarán en el corto plazo el comienzo del manejo objetivado de la organización social del proceso de producción, uno de los pilares esenciales de la productividad del trabajo[1]

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[1] Sobre los ejes que determinan la productividad del trabajo, se puede consultar a Marx en su obra El Capital. Crítica de la Economía Política, Tomo I, Capítulo 1.



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Economía Política del Internet de las Cosas[1]

  

Miguel Ángel Lara Sánchez[2]

 

Qué es el Internet de las cosas

 La riqueza en las sociedades capitalistas actuales se manifiesta bajo la forma de mercancías y servicios, aunque en ellas coexistan de manera subordinada y en menores magnitudes los productos, los cuales no requieren del valor de cambio para ser consumidos. Derivado de la revolución actual del proceso capitalista de trabajo, basada en la computación binaria, las mercancías se han desdoblado en tangibles e intangibles; la mayoría de ellas son tangibles, como las que tradicionalmente consume la humanidad para su consumo y reproducción, pero a medida que se expande la economía digital, las mercancías intangibles son de mayor magnitud y más variadas. Si la denominación Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) nos indica un fenómeno relativamente reciente, para la Crítica de la Economía Política esto es un concepto difuso, pues las cosas engloban objetos que pueden ser resultados del trabajo humano o no serlo.

Suele definirse IoT como la interconexión de los objetos a Internet para la recolección y procesamiento de la información con miras al monitoreo y la formulación de decisiones, ya sea que se tomen por el ser humano o por los autómatas digitales. Su creador, Kevin Ashton, la define del siguiente modo:

 

(…) hoy en día, las computadoras, y, por lo tanto, Internet, dependen casi por completo de los seres humanos para obtener información. Casi todos los aproximadamente 50 petabytes (un petabyte es 1,024 terabytes) de datos disponibles en Internet fueron capturados y creados por primera vez por seres humanos: escribiendo, presionando un botón de grabación, tomando una fotografía digital o escaneando un código de barras. Los diagramas convencionales de Internet incluyen servidores y enrutadores, etc., pero omiten los enrutadores más numerosos e importantes de todos: las personas. El problema es que las personas tienen tiempo, atención y precisión limitados, lo que significa que no son muy buenos para capturar datos sobre cosas del mundo real (…)

Si tuviéramos computadoras que supieran todo lo que había que saber sobre las cosas, utilizando los datos que recopilaron sin nuestra ayuda, podríamos rastrear y contar todo, y reducir en gran medida el desperdicio, la pérdida y el costo…

Necesitamos capacitar a las computadoras con sus propios medios para recopilar información, para que puedan ver, escuchar y oler el mundo por sí mismos, en todo su esplendor aleatorio. (ASHTON, 2009)

         Esta fue la percepción de uno de sus creadores en el año 1999, cuando relativamente existían pocas mercancías y servicios conectados a Internet; pero en la actualidad estamos cerca de la existencia de 50 mil millones de “objetos” conectados a la red.[3] Tales objetos pueden ser computadoras, celulares y todos aquellos autómatas o instrumentos maquinizados que posean esa característica de poder conectarse a la red mundial. Por consiguiente, la mera existencia de esta gigantesca masa interconectada constituye una realidad económico-social esencial en la producción del capital en la actualidad. Internet de las cosas nació entre 2008 y 2009, justo cuando ya había más dispositivos que personas conectadas en Internet. Por ello, lo primero a considerar es el cambio fundamental en la recolección de los datos y de la información. Ya no depende de la fuerza humana de trabajo, sino del trabajo objetivado. Los seres humanos, nos dice Ashton, tenemos “tiempo, atención y precisión limitados”, lo que indica que nuestra capacidad de trabajo para estas tareas encuentra límites fisiológicos que no pueden seguir el ritmo de expansión del mundo digital. 

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[1] Conferencia pronunciada en el Quinto Congreso Internacional de Economía, organizado por la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM, el 24 de septiembre de 2019. Nezahualcóyotl, Estado de México.

[2] Doctor en Economía por la Facultad de Economía, UNAM. Docente en la Fes Aragón. melasa17@gmail.com

[3] BANKINTER (2011).