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Las clases sociales en México



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  Miguel Ángel Lara Sánchez


1. El modo de producción dominante y su composición de clase


Para fines de 2017 la población total en México sumaba casi los 124 millones de habitantes, de los cuales el instituto oficial de estadística, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), registraba 52.86 millones con una ocupación laboral, es decir, el 42.64%. Este porcentaje comprende las diversas formas de producción que cohesionan la formación económico-social mexicana, de las cuales el trabajo asalariado representa el 64.56% de esos casi 53 millones de habitantes. Pero dicha institución incluye aquí solo a los proletarios que reciben formal y legalmente un salario, por lo que habrá que agregarle aquellos obreros con remuneraciones de diferente tipo, llamadas “no salariales”, pero que desde el punto de vista de la Crítica de la Economía Política son tan solo formas diferentes del salario tales como el pago a comisión, por honorarios, a destajo o con base en las propinas de los clientes.[1]

CUADRO 1. CLASES SOCIALES EN MÉXICO DE ACUERDO A LA POBLACIÓN OCUPADA, 2017

CLASE SOCIAL

CANTIDAD

PORCENTAJE

BURGUESÍA Y RENTISTAS

2,422,078

4.58

   URBANA

1,971,309

3.73

   RURAL

450,769

0.85

PEQUEÑA BURGUESÍA

12,846,452

24.30

    URBANA

8,230,500

15.57

    RURAL

3,458,529

6.54

    NO REMUNERADOS RURALES

1,157,423

2.19

CLASE OBRERA

37,597,315

71.12

   ASALARIADOS

34,131,678

64.56

   CON MODALIDADES DE SALARIO

2,080,488

3.94

   NO REMUNERADOS URBANOS

1,385,149

2.62

TOTAL

52,865,845

100.00

Fuente: Construido con base en INEGI (2017). ENOE. Indicadores estratégicos.

También será necesario incorporar a las filas de la clase obrera mexicana a aquellos trabajadores que laboran sin pago alguno de salario, como los becarios, los que se encuentran realizando su servicio social o los aprendices, que preferentemente se localizan en las urbes y que el INEGI engloba bajo el rubro de trabajadores “no remunerados”[2]. De esta forma, de constituir 34,131,678 asalariados, se eleva a 37,597,315 equivaliendo al 71.12% de la fuerza de trabajo total con ocupación. El excedente de valor que producen estos 37.5 millones de obreros mexicanos alimenta a 2,422,078 capitalistas, envueltos bajo el ropaje de “empleadores” en la estadística oficial, representando el 4.58% de las personas con ocupación. Conforman la burguesía en sus fragmentos: monopólica y no monopólica.

De acuerdo al Cuadro 1, entre estas dos clases se sitúa la pequeña burguesía en sus diversas gradaciones que, por estas cifras, se sitúa en 12,846,452 personas, representando el 24.30% de la población ocupada.[3] Sin embargo, esta categoría de los “trabajadores por cuenta propia” es muy genérica, ya que esconde fragmentos sociales que no necesariamente corresponden a la pequeña burguesía, sino a otras clases sociales, como veremos en el siguiente apartado.

Por tanto, en esta primera aproximación genérica, casi dos tercios de la formación económico-social mexicana viven bajo las relaciones de capital que tienen como eje el trabajo asalariado como la forma dominante de producción, si lo medimos desde el punto de vista del universo de personas con una ocupación laboral. Este porcentaje será mayor si nos adentramos en los componentes genéricos que proporciona la estadística oficial.



2.       2. Desglose de las clases sociales


La masa de riqueza creada en 2017 medida de acuerdo al Producto Interno Bruto (PIB) fue de 21 billones 921 mil 241 millones 895 mil pesos, aunque esto es solo lo producido en un año; otra cosa es el capital total existente en el país, compuesto, entre otras cosas, de los bienes inmuebles, el capital fijo, el capital financiero, etcétera.[4] De acuerdo a los cálculos realizados por Del Castillo (2017), la masa total de capital en 2015 fue de 101 billones 323 mil 902 millones de pesos y estimado un ritmo de crecimiento de acuerdo a las tendencias fijadas por este autor y a la evolución de la economía mexicana, en 2017 alcanza los 116 billones de pesos (Cuadro 2).[5]

CUADRO 2. MÉXICO. PRODUCTO INTERNO BRUTO Y CAPITAL TOTAL, 2014-2017

AÑO

PIB (Precios corrientes)

CAPITAL TOTAL (Pesos)

PROPORCIÓN CAPITAL TOTAL/PIB

2013

16,277,187,000,000

94,910,487,000,000

5.83

2014

17,473,842,000,000

100,903,188,000,000

5.77

2015

18,978,850,000,000

101,323,902,000,000

5.34

2016

20,116,689,000,000

107,000,000,000,000

5.31

2017

21,921,242,000,000

116,000,000,000,000

5.29

Nota. El valor del capital total para 2016 y 2017 es estimado

Fuente: Construido con base en datos de: INEGI (2018c) y Del Castillo (2017b)

La masa total de capital se la reparten la burguesía y la pequeña burguesía, aunque esta última en una fracción reducida. La clase obrera solo tiene una porción insignificante que se reduce en lo fundamental a los bienes inmuebles que una parte de ella logra conseguir tras veinte años de trabajo. Por consiguiente, será en la burguesía donde se anida gran parte de la riqueza acumulada en el país, por lo que habremos de desglosar la información, hasta donde los datos existentes nos lo permitan, para reconfigurar su estructura interna.


a)       La burguesía


En lo que se refiere al año 2014, Del Castillo infiere que el 10% de las personas más ricas en el país concentra el 75% de la riqueza;[6] para 2015, aunque el porcentaje fue similar, sin embargo el valor global de sus bienes se mantiene en aumento.

Otra manera de cuantificar los grados de concentración de la riqueza y de aproximarnos a la magnitud de los capitales que rigen el destino de nuestra formación económico-social consiste en la valoración del número de empresas y de establecimientos y su grado de monopolización. Como la información del INEGI no es homogénea y sobre todo, como en el momento en que esto se escribe aún no se actualiza el censo practicado en 2014, tenemos que remontarnos a los datos ofrecidos en el año 2013, cuando existían 4,230,745 establecimientos en todo el país. De ellos, los que ocupan 501 y más personas son los que podemos considerar los grandes capitales oligárquicos, siendo 3,269 y representando el 0.08% del total. Considerando ahora no los establecimientos sino el número de empresas, que en total suman 4,104267, el resultado es similar, ya que son 3,967 empresas compuestas de más de dos establecimientos las que ocupan 251 o más trabajadores, representando el 0.096% del total. Produjeron el 61.99% de la riqueza nacional en ese año y empleaban el 27% de la fuerza de trabajo.

Cuantificando ahora las empresas que pueden tener uno o más establecimientos  y que ocupan más de 250 obreros, suman 7,219 y representan el 0.19% del total nacional, ocupando al 38.9% de la fuerza de trabajo; en ellas se genera el 74.42% del Producto Interno Bruto y sin duda forman la gran burguesía monopólica, de la que la oligarquía es su estrato superior. Las  empresas que emplean entre 21 y 250 trabajadores podemos definirlas como la burguesía no monopólica y se distinguen de las que ocupan menos obreros porque consideramos que, arriba de 20 personas contratadas a sueldo, el dueño ya se puede desprender del proceso inmediato de transformación del objeto de trabajo para ejercer actividades de comando capitalista o de plano contratar a alguien para que realice estas funciones. Suman 91,673 establecimientos, pero se encuentran agrupadas en tan solo 47,762 empresas. Equivalen al 2.17% del total de los establecimientos, pero tan solo 1.16% de las empresas; ocupan al 24.94% de la fuerza de trabajo y generan el aproximadamente el 12.33% del PIB (Cuadro 3).

Por otra parte, debido a que no existe información que disocie a los individuos que viven exclusivamente de la renta de capital, y que en la mayoría de los casos es el capitalista mismo el que también es dueño de la tierra o del capital fijo de alto valor, es que ubicamos a los rentistas dentro de las 1,605,096 personas.


CUADRO 3. MÉXICO. COMPOSICIÓN DE LA BURGUESÍA Y LOS RENTISTAS, 2013

SECTOR

CANTIDAD DE EMPRESAS

PORCENTAJE

NÚM. DE PERSONAS QUE INTEGRAN LAS FRACCIONES DE LA BURGUESÍA*

PORCENTAJE DE PERSONAL QUE OCUPAN**

PORCENTAJE DE GENERACIÓN DEL PIB

TOTAL NACIONAL

4,105,267


118,896,009

21,576,358


GRAN BURGUESÍA MONOPÓLICA

7,219

0.19

225,903

38.90

74.42

    OLIGARQUÍA

3,967

0.096

114,140

27.00

61.99

BURGUESÍA NO MONOPÓLICA

47,762

1.16

1,379,193

16.48

12.33

    ESTRATO SUPERIOR (CON 51 A 250 TRABAJADORES)

22,838

0.56

665,817

11.30

10.99

    ESTRATO INFERIOR (CON 21 A 50 TRABAJADORES)

24,924

0.60

713,376

5.18

1.34

SUMA


1.35

1,605,096

63.84

86.75

*Calculadas con base en el porcentaje que representan de las empresas.

** Solo se considera el personal del Sector privado y paraestatal.

Fuente: Construido con datos del INEGI (2013)


Para el año 2017, la institución Oxfam señalaba que el 1% de los hombres más ricos concentraba el 28% de la riqueza física y el 80% de los activos financieros[7], cifras que coinciden con el reporte de la concentración de la riqueza que hace la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que establece que para fines de 2016 el 1% más rico concentraba el 36% de la riqueza total.

De acuerdo al seguimiento que hace el grupo Forbes México, nos presenta dos listados de los hombres más ricos en 2017 con apenas un mes de diferencia entre uno y otro. En el primero, dado a conocer en marzo de 2018, incluye a 16 personajes que cuentan con una fortuna de más de mil millones de dólares, sumando 141 mil millones de dólares.[8] El segundo listado publicado en abril de 2018 refiere que, considerando ahora a las personas que tienen arriba de 500 millones de dólares, la cifra se eleva a 36 fortunas que amasan todas ellas un capital de 188,840 millones de dólares, que equivalen a 3 billones 656 mil 868 millones de pesos (Cuadro 4). [9] Esto representa el 3.15% del capital total existente en ese año, por lo que podemos afirmar que 360 personas (estimando 10 personas por familia de estos grandes ricos), que representan el 0.00029% de los 123.9 millones de mexicanos, se encuentran en la cúspide de la oligarquía mexicana y son los que definen el rumbo económico y político del país. La expansión de su poder económico llega al control de las principales empresas de todas las ramas que componen la división social del trabajo, ya que son corporaciones monopólicas multisectoriales que lo mismo se encuentra en la industria, en los servicios o en el campo, que en las finanzas.


b)      La pequeña burguesía


Del universo de establecimientos existentes en 2013 que se reportan en la estadística oficial, podemos emprender con mayor detalle el análisis de los sectores que conforman a la pequeña burguesía. Podemos considerar que aquellos establecimientos que ocupan hasta 5 personas son su estrato inferior, es decir, 3,832,164; ellos son los que se encuentran en la condición económica más inestable debido a que su escaso capital los pone en el

CUADRO 4. LAS PERSONAS MÁS RICAS DE MÉXICO, 2017.

MILLONES DE DÓLARES

ACUMULADO

MILLONES DE PESOS DE CADA UNO

1

CARLOS SLIM

75,000

75,000

1,452,368

2

GERMAN LARREA

17,300

92,300

335,013

3

ALBERTO BAILLERES

10,700

103,000

207,204

4

EVA BONDA DE RIVERA Y FAMILIA

7,100

110,100

137,491

5

RICARDO SALINAS

7,100

117,200

137,491

6

MARIA ASUNCIÓN ARAMBURUZABALA

5,900

123,100

114,253

7

JUAN FCO. BECKMAN

5,700

128,800

110,380

8

JUAN A. GONZÁLEZ MORENO Y FAMILIA

5,100

133,900

98,761

9

FAMILIA SERVITJE

4,400

138,300

85,206

10

JERÓNIMO ARANGO

4,300

142,600

83,269

11

FRANCISCO ROINSON BOURS Y FAM

4,100

146,700

79,396

12

ANTONIO DEL VALLE

3,400

150,100

65,841

13

JOSE FCO. CALDERÓN Y FAM

2,900

153,000

56,158

14

MANUEL BARRAGÁN MORALES Y FAM

2,700

155,700

52,285

15

MARCOS ACHAR LEVY Y FAM

2,500

158,200

48,412

16

LEOPOLDO ESPINOZA ABDALA Y FAM

2,500

160,700

48,412

17

RICARDO MARTÍN BRINGAS Y FAM

2,300

163,000

44,539

18

CARLOS HANK RHON

2,000

165,000

38,730

19

DAVID MICHEL GONZÁLEZ Y FAM

1,900

166,900

36,793

20

ROBERTO HERNANDEZ

1,900

168,800

36,793

21

CYNTHIA Y BRUCE GROSSMAN

1,800

170,600

34,857

22

EMILIO AZCÁRRAGA

1,700

172,300

32,920

23

CARLOS GONZÁLEZ ZABALEGUI

1,700

174,000

32,920

24

ANGEL LOZADA MORENO

1,500

175,500

29,047

25

ALFREDO CHEDRAUI OBESO

1,400

176,900

27,111

26

RUFINO VIGIL GLZ

1,400

178,300

27,111

27

LUIS Y MAURICIO JORBA SERVITJE

1,400

179,700

27,111

28

DAVID PEÑALOZA ALANÍS

1,300

181,000

25,174

29

ALFREDO HARP HELÚ

1,200

182,200

23,238

30

ARMANDO MARTÍN SOBERÓN Y FAM

1,140

183,340

22,076

31

ALBERTO TORRADO MARTÍNEZ Y FAM

1,100

184,440

21,301

32

JAVIER ARROYO CHÁVEZ Y FAM

1,100

185,540

21,301

33

FERNANDO CHICO PARDO

1,000

186,540

19,365

34

FAMILIA FERNÁNDEZ*

900

187,440

17,428

35

LUIS ARIZPE JIMÉNEZ Y FAM*

800

188,240

15,492

36

FAMILIA HERNÁNDEZ PONS

600

188,840

11,619

37

TOTAL

188,840

3,656,868

* Estimados

Fuente: Construido con datos de Forbes Staff (2018).

filo de la ruina y de la consiguiente proletarización.[10] No son un número menor, ya que representan el 7.67% de la población ocupada en el país, considerando el total de 49,945,599 trabajadores ocupados a nivel nacional. Su sector medio lo podemos agrupar por los que emplean entre seis y diez personas, sumando la cantidad de 203,769 establecimientos. Representan el 0.41% de la población ocupada. Suponemos, al igual que en los restantes segmentos, que existe un capitalista por establecimiento. El sector superior está compuesto por un número menor: 95,394 establecimientos que ocupan entre 11 y 20 personas, equivaliendo al 0.19% de los ocupados y es el que goza de mayor estabilidad económica, situándose en la antesala de conformar parte de la burguesía mexicana. Aportan el 5.14% de la generación del PIB.

            La suma de estos segmentos es de 4,131,327 personas, a las que consideramos pequeña burguesía con establecimientos propios y representa el 8.27% del total de ocupados a nivel nacional. Pero no son los únicos sectores que integran las filas de la pequeña burguesía, ya que aquí se consideran los que tienen una empresa, que por lo regular está compuesta de un solo establecimiento. Existen además una variada serie de personas que viven de su trabajo y que son dueños de sus medios de producción  sin establecer una relación laboral como asalariados, pero que no cuentan con un lugar de trabajo formalmente constituido, tales como los artesanos, algunos profesionistas, microbuseros y taxistas que son dueños de sus unidades, los que tienen su negocio en su domicilio particular, etcétera. La estadística oficial los engloba en la categoría de “trabajadores por cuenta propia”, pero los mezcla con los obreros que también laboran por cuenta propia, por lo que no podemos cuantificarlos.

¿Cómo podemos aproximarnos a un estimado de ellos? Primero, deduciendo del total de Trabajadores por cuenta propia, que son 11,096,188 en la estadística oficial, a quienes viven de la agricultura de subsistencia (1,932,686) porque son auténticos campesinos pobres, más en el umbral de la proletarización que en las filas de la pequeña burguesía. Quedan 9,163,502 personas con ocupación, a las cuales habrá que deducir los 4,131,327 dueños de establecimientos, arrojando una cantidad de 5,032,175 trabajadores por cuenta propia. De ellos estimamos que el 25% (1,258,044) son dueños de sus negocios personales sin establecimientos formal y legalmente constituidos, considerando que son un número menor a los obreros que laboran por cuenta propia y que no tienen medios de producción propios, sobreviviendo únicamente de su capacidad de trabajo, los cuales debemos incluir en las filas de la clase obrera.

De esta manera, del total de personal ocupado a nivel nacional, la pequeña burguesía incluye a 7,322,057 personas para el año 2013, equivaliendo al 14.66%. Como los resultados del próximo censo de población se publicarán por lo menos a fines de 2019, consideramos que cuatro años después este porcentaje no tiene variaciones significativas; sin embargo, de acuerdo a las leyes económicas que rigen a la sociedad burguesa, es de esperarse un ligero aumento en el porcentaje de la pequeña burguesía de subsistencia debido a la centralización del capital y al empobrecimiento progresivo de su sector medio, además de aquellos que engrosen las filas del proletariado.


CUADRO 5. MÉXICO. COMPOSICIÓN DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA, DE ACUERDO A LA POBLACIÓN OCUPADA, 2013

SECTORES

CANTIDAD DE PERSONAS

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN OCUPADA

PORCENTAJE DE GENERACIÓN DEL PIB

TOTAL DE OCUPADOS A NIVEL NACIONAL

49,945,599



CON ESTABLECIMIENTO




   DE SUBSISTENCIA (HASTA 5 PERSONAS)

3,832,164

7.67

8.11

   SECTOR MEDIO (QUE OCUPAN DE 6 A 10 PERSONAS)

203,769

0.41

   SECTOR SUPERIOR(QUE OCUPAN ENTRE 11 Y 20 PERSONAS)

95,394

0.19

5.14

   SUMA

4,131,327

8.27

13.25

SIN ESTABLECIMIENTO*

1,258,044

2.52

ND

CAMPESINOS POBRES

1,932,686

3.87


TOTAL

7,322,057

14.66


Notas. * Estimado.

ND: No disponible

Fuente: Construido con datos de INEGI (2013)


c)       El proletariado


La composición del proletariado en el caso de nuestro país tiene no pocos grados de dificultad por la manera en que se recopila la información estadística por los órganos oficiales y porque los nuevos sectores de la clase obrera que han surgido a raíz de la revolución operada por los autómatas digitalizados no son tomados en cuenta como sujetos de estratificación social diferentes a los convencionales, heredados del maquinismo y el fordismo. No obstante lo anterior, habremos de establecer su composición sectorial hasta donde la estadística nos lo permita, considerando que es obrero o proletario aquella fuerza de trabajo que carece de medios de producción propios y que para sobrevivir él y su familia, tiene que someterse al régimen del trabajo asalariado, bajo sus distintas modalidades.[11]

Con el empleo ahora de las cifras del año 2017, el INEGI da cuenta de 34,131,678 trabajadores que laboran bajo el régimen del trabajo asalariado. Enseguida agrupa a 2,080,488 personas bajo el concepto de trabajadores con percepciones no salariales, entre las que señala a los que se les paga por comisión, por honorarios, a destajo y con base en propinas, como vimos al principio. Sin embargo, de acuerdo a las diversas formas en que se expresa el salario en la sociedad burguesa y que se encuentran fundamentadas en la Crítica de la Economía Política,[12] todas ellas, con algunos matices en la última forma, dan cuenta de que se trata de obreros y no de otros fragmentos de clases sociales distintas, por lo que habremos de considerarlos como tales. Como decíamos líneas arriba, también debemos incluir al sector de trabajadores no remunerados como parte de la clase obrera, dando un total de 37.6 millones. Hasta aquí la información que en lo general no tiene mayores dificultades.

CUADRO 6. MÉXICO. COMPOSICIÓN DE LA CLASE OBRERA, 2017

SECTORES

CANTIDAD DE PERSONAS

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN OCUPADA

TOTAL DE OCUPADOS A NIVEL NACIONAL

52,865,845





ASALARIADOS

34,131,678

64.56

CON DIVERSAS FORMAS DE SALARIO

2,080,488

3.94

NO REMUNERADOS

2,542,572

4.81

QUE LABORAN POR CUENTA PROPIA

4,210,930

7.97

    TRABAJADORES DOMÉSTICOS REMUNERADOS

2,347,350

4.44

SUMA

42,965,668

81.27

TRABAJO INFANTIL

2,312,414


Fuente: Construido con datos de INEGI (2018a y 2018b)

Pero, de los trabajadores registrados por cuenta propia (11,689,029 en total), tenemos que existen millones que viven de su trabajo. Ya descontados los que son parte de la pequeña burguesía y de los campesinos que pertenecen a la agricultura de subsistencia, quedan 4,210,930 que debemos incluir en las filas del proletariado. Aquí creemos que debemos ubicar a los trabajadores domésticos remunerados, que suman la cantidad de 2,347,350 y que equivalen al 4.44% de la población con empleo.[13] Por tanto, del total de trabajadores ocupados a nivel nacional, la clase obrera mexicana suma 42,965,668, lo que equivale al 81.27% (Cuadro 6).


i)                    Estratificación sectorial de la clase obrera


CUADRO 7. MÉXICO. ESTRUCTURA DE LA CLASE OBRERA POR RAMA, DE ACUERDO A LA POBLACIÓN OCUPADA, 2017

SECTOR O RAMA

CANTIDAD

PORCENTAJE DEL TOTAL OCUPADO

POBLACIÓN TOTAL OCUPADA

52,865,845

PROLETARIOS AGRÍCOLAS, GAN, SILV.  C Y P

3,193,958

6.04

OBREROS INDUSTRIALES

10,838,419

20.50

   MINEROS Y ELECTRICISTAS

415,035

0.79

   INDUSTRIA

7,188,983

13.60

   CONSTRUCCIÓN

3,234,401

6.12

SERVICIOS

23,269,066

44.02

   COMERCIO

5,310,235

10.04

   RESTAURANTES Y SERVICIOS DE  ALOJAMIENTO

2,376,481

4.50

   TRANSPORTES, COMUNICACIONES, CORREOS Y ALMACENAMIENTO

2,243,090

4.24

   PROFESIONISTAS, FINANCIEROS Y CORPORATIVOS

2,781,923

5.26

   SOCIALES

4,120,727

7.79

   DIVERSOS

4,142,473

7.84

   GOBIERNO Y ORGANISMOS INTNALES.

2,294,138

4.34

NO ESPECIFICADO

295,872

0.56

SUMA

37,597,315

71.12

Fuente: Construido con base en datos del INEGI (2018a)

La estadística oficial no nos permite la estratificación de la clase obrera de acuerdo a los 42.9 millones signados en el Cuadro 4, que sería lo más adecuado. Sin embargo, con la sectorización que hace a partir de los principales rubros, podemos hacerlo, tomando en cuenta los 37,597,315 obreros. Por los tres grandes conglomerados de fuerza de trabajo que habitualmente se emplean en la estadística convencional, los proletarios mexicanos están distribuidos como sigue: el llamado sector primario, que comprende la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca, aloja a 3,193,958 obreros, significando el 6.04%  de la población ocupada; el proletariado industrial, a 10,838,419, siendo el 20.50% y los obreros de los servicios cuentan con 23,269,066, representando el 44.02% de la población ocupada. A su interior, la división por rama se puede ver en el Cuadro 7, donde destaca la rama industrial, con el 13.6%; el comercio, con el 10.04%; los servicios sociales, con 7.79% y los servicios diversos, con 7.84%.

Si agrupamos los servicios por el grado de dificultad en el trabajo, podemos afirmar que en el trabajo simple se encuentran el comercio, restaurantes y servicios de alojamiento y  los sociales, sumando el 22.33%; los de mediana calificación los tenemos en los diversos y en el gobierno y organismos internacionales, sumando 12.18%, en tanto que los de trabajo complejo comprenden Transportes, comunicaciones, correos y almacenamiento, más los Profesionales, financieros y corporativos, representando el 9.5% de la población ocupada.[14]


ii)                  Trabajo infantil


Las cifras proporcionadas por el INEGI acerca de la población ocupada excluyen el trabajo infantil y no está incorporado en las magnitudes anteriores, por lo que es necesario agregarlo. Para el año de 2017 este instituto registra 2,312,414 niños y adolescentes debajo de la edad de trabajar a nivel nacional: 242,981 entre los 15 y los 17 años de edad en ocupaciones permitidas por las leyes laborales y 2,069,433 en actividades al margen de dichas leyes y consideradas como peligrosas, con edades de los 5 a los 17 años (Cuadro 6). Este es otro segmento que debemos considerar en las filas de la clase obrera mexicana, aunque no forma parte de la masa de ocupados formales a nivel nacional estimada por el INEGI, tan importante en número como el trabajo doméstico remunerado o los obreros con formas diversas de salario.

El porcentaje del trabajo infantil con respecto a la población de 5 a 17 años es de 7.88% y de 1.87% con respecto a la población total. Si se considera a los niños que laboran en los quehaceres domésticos, a lo que el INEGI denomina la medición “amplia”, el trabajo infantil asciende a 3,242,050.[15]


CUADRO 6. MÉXICO. TRABAJO INFANTIL, 2017

CONCEPTO

CANTIDAD

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN TOTAL

POBLACIÓN TOTAL

123,956,753


POBLACIÓN INFANTIL

38,867.737


POBLACIÓN INFANTIL DE 5 A 17 AÑOS

29,344,545


TRABAJO INFANTIL

2,312,414

1.87

   EN OCUPACIONES PERMITIDAS POR LA LEY (DE 15 A 17 AÑOS)

242,981

0.20

   EN OCUPACIONES AL MARGEN DE LA LEY (DE 5 A 17 AÑOS)

2,069,433

1.67

       TRABAJADORES SUBORDINADOS Y    REMUNERADOS

1,172,494

0.95

       POR CUENTA PROPIA

85,185

0.07

       TRABAJADORES NO REMUNERADOS

811,336

0.65

       OTROS

418


Fuente: Construido con datos de INEGI (2018B)

d)      Otras clases


Las personas que laboran en la agricultura de subsistencia en general forman parte de la pequeña burguesía agraria, aunque son los más proclives a formar parte del proletariado debido a su condición precaria en numerosos casos. Una buena parte de ellos son semiproletarios, es decir, campesinos pobres cuyo fruto del trabajo de explotación de la tierra no les alcanza para vivir todo el año y en consecuencia tienen que alternarlo contratándose como jornaleros percibiendo un salario. Ellos son 1,702,450 y representan el 3.22% de la población total ocupada para el año 2017.

Finalmente, al lumpenproletariado lo consideramos como aquellos indigentes y personas que habitan en albergues que no forman parte de ninguna actividad económica que comprenda la producción o la circulación de mercancías o servicios. De acuerdo a un reporte del periódico Milenio Digital apoyado de un cálculo realizado por el INEGI, sin citarlo, las personas que viven en la calle o en albergues a nivel nacional son 407,720[16]; pero el mismo instituto dio a conocer en 2016 cifras más descarnadas. En su Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares da a conocer que son 1,095,474 hogares (6.8%), de un total de 33,462,598, los que ante la dificultad para satisfacer sus necesidades alimentarias, “tuvieron que hacer algo que hubieran preferido no hacer para conseguir comida”, como mendigar, mandar a los niños a trabajar o recurrir a “prácticas socialmente no aceptadas”, como robar. Multiplicadas las familias que incurrieron en esto por el número promedio de personas por familia (3.6), da como resultado 3,943,706 personas indigentes.[17] Por consiguiente, la indigencia va más allá de los individuos que viven en la llamada “situación de calle”; el resultado de la forma neoliberal del capitalismo mexicano arroja una masa enorme de desclasados, la mayor en América Latina. 

Estas son, pues, las clases sociales existentes en nuestro país, considerando en la mayoría de los casos a la población total ocupada. Ahora pasemos a cuantificarlas de manera total, ya que es necesario considerar tanto a los desempleados como a lo que el INEGI denomina la Población No Económicamente Activa.

Tomando como base los porcentajes de cada clase y sector de clase con respecto a la población ocupada, la cuantificación total de la burguesía y los rentistas representa el 4.37% del total de la población mexicana, con 5,415,767 personas, ya incluidos los miembros de la llamada población económicamente no activa y los menores de 15 años. La pequeña burguesía equivale al 13.49% con 16,722,493 millones de personas y sus sectores más relevantes son el de subsistencia, con poco más de nueve millones de personas; los que laboran sin establecimientos formales (3.13 millones) y los campesinos pobres, con 3.8 millones de personas. El proletariado es el sector más numeroso de la población mexicana, representando el 78.96%; sus sectores más importantes son los obreros asalariados, con 77.5 millones de personas y los que laboran por cuenta propia, con poco más de 9.5 millones de personas. De este último sector cabe destacar que la población que vive del trabajo doméstico son 5.3 millones de habitantes, un número considerable.  Los campesinos pobres son la fracción pequeñoburguesa más proclive a integrar las filas de la clase obrera, siendo no pocos de ellos semiproletarios. Por último, el lumpenproletariado también es muy elevado, representando el 3.18% del total de la población y su número lo restamos de la llamada población económicamente no activa.


CUADRO 7. MÉXICO. CLASES SOCIALES, 2017. Cantidades y porcentajes

CLASES Y SECTORES DE CLASE

PERSONAL OCUPADO

PORCENTAJE DEL PERSONAL OCUPADO

DESEMPLEADOS

POBLACIÓN NO ECONÓMICAMENTE ACTIVA

MENORES DE 15 AÑOS

TOTAL

PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN TOTAL

POBLACIÓN TOTAL

 52,865,845


1,830,793

37,347,284

31,938,606

123,982,528


BURGUESÍA* Y RENTISTAS








GRAN BURGUESÍA MONOPÓLICA

100,445

0.19


63,467

60,683

224,595

0.18

    OLIGARQUÍA

50,751

0.10


32,067

30,661

113,480

0.09

BURGUESÍA NO MONOPÓLICA

2,321,633

4.39


1,466,937

1,402,602

5,191,171

4.19

    ESTRATO SUPERIOR (DE 51 A 250 TRABAJADORES)

1,110,118

2.10

701,434

670,672

2,482,224

2.01

    ESTRATO INFERIOR (DE 21 A 50 TRABAJADORES)

1,211,515

2.29

765,503

731,930

2,708,948

2.18

SUMA

2,422,078

4.58


1,530,404

1,463,285

5,415,767

4.37



PEQUEÑA BURGUESÍA






CON ESTABLECIMIENTO






   DE SUBSISTENCIA

4,056,225

7.67


2,562,948

2,450,546

9,069,719

7.32

      SECTOR MEDIO

215,683

0.41


136,280

130,303

482,266

0.39

      SECTOR SUPERIOR

100,971

0.19


63,799

61,001

225,771

0.18

      SUMA

4,372,879

8.27


2,763,028

2,641,850

9,777,757

7.89

SIN ESTABLECIMIENTO

1,403,425

2.65


886,762

847,871

3,138,058

2.53

CAMPESINOS POBRES (AGRICULTURA DE SUBSISTENCIA)

1,702,450

3.22


1,075,702

1,028,526

3,806,678

3.07

SUMA

7,478,754

14.15


4,725,492

4,518,247

16,722,493

13.49








CLASE OBRERA





ASALARIADOS

34,131,678

64.56

1,182,012

21,566,290

20,620,463

77,500,443

62.51

CON DIVERSAS FORMAS DE SALARIO

2,080,488

3.94

72,049

1,314,568

1,256,915

4,724,020

3.81

NO REMUNERADOS

 2 542 572

4.81

88,052

1,606,538

1,536,081

5,773,243

4.66

QUE LABORAN POR CUENTA PROPIA

4,210,275

7.96

145,806

2,660,286

2,543,614

9,559,981

7.71

    TRABAJADORES DOMÉSTICOS REMUNERADOS

2,347,350

4.44

81,291

1,483,186

1,418,138

5,329,965

4.30

DESEMPLEADOS NO UBICADOS POR SECTOR



342,876



342,876

0.28

SUMA

42,965,013

81.27

1,830,794

27,147,682

25,957,073

97,900,563

78.96

TRABAJO INFANTIL (ENTRE 15 Y 17 AÑOS)






242,981

0.20

TRABAJO INFANTIL (ENTRE 5 Y 17 AÑOS)**






2,069,433

1.67






LUMPENPROLETARIADO




3,943,706


3,943,706

3.18








TOTAL

52,865,845

100.00


37,347,284

31,938,606

123,982,528

100.00

* Los porcentajes de la burguesía monopólica se retoman de los obtenidos conforme al número de empresas (Cuadro 3); el total de la burguesía no monopólica es la diferencia que queda con respecto  a los “empleadores” y sus estratos están estimados conforme a los porcentajes del Cuadro 3.

**En actividades y/o edades no permitidas por las leyes laborales

  Fuente: Construido con base en INEGI (2018a, 2018b y 2017)



La clase obrera mexicana integra el 78.9% de la población total, es decir 97.9 millones de habitantes. De ellos, su núcleo principal está compuesto de poco más de 82 millones de obreros y representa el 66.32% del total nacional. Ellos son los que se encuentran de manera principal en el proceso de valorización del capital y por tanto, en el régimen del trabajo asalariado. Son, además, los que producen más del 85% de la riqueza anual, gran parte de la cual es capital.

Por su parte, hemos visto que la burguesía representa en 2017 el 4.37% de la población total y que su sector monopólico, siendo apenas el 0.18%, sin embargo, mediante la explotación de la fuerza de trabajo genera el 74.42% de la riqueza producida en el año 2013 la cual, cuatro años después, es de esperarse que sea un poco mayor.

Con base en las cifras del INEGI, la riqueza creada se encuentra fuertemente concentrada en unas cuantas manos. Hace cinco años el proletariado mexicano apenas percibía el 23.85% del Producto Interno Bruto, mientras que el 73.24% se lo apropiaban los dueños de los medios de producción. En términos monetarios, entre 94 millones de mexicanos -obreros, campesinos pobres y desclasados-, se distribuían 4.34 billones de pesos, recibiendo cada persona en promedio $ 126.50 al día, mientras que la burguesía y la pequeña burguesía (25 millones de personas) recibieron 14 billones de pesos.

Sin embargo, la oligarquía, que representa el 0.096% (240 mil personas), se llevó el 62% de dicha cantidad, es decir, 8.7 billones de pesos, tocándole a cada quien una percepción promedio de 100 mil pesos diarios, los cuales son los beneficiarios de las formas más evolutivas y productivas de la creación de plusvalía.

Solo la acción de la clase obrera y de los campesinos pobres puede revertir esta penosa situación y modificar la fisonomía económica y social del país. Esperemos que los cambios anunciados en la llamada cuarta transformación vayan también en este sentido.


julio de 2019





Fuentes consultadas


Blancas, Rafael (2015). México: 2 millones de personas se encuentran en semiesclavitud. RT Noticias Internacionales. Última actualización: 7 de abril de 2015. Recuperado el 3 de diciembre de 2018


Del Castillo, N. Miguel

-          (2017a). La distribución de la riqueza en México. Seminario universitario de la cuestión social. UNAM. Noviembre de 2017. México.

-          (2017b). La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros, en México. Serie Estudios y perspectivas. CEPAL. Sede subregional en México.


Forbes Staff (2018). Los 36 personajes más ricos de México en 2018. Edición a cargo de Eduardo García. Última actualización 18 de abril de 2018. Recuperado el 15 de diciembre de 2018.


INEGI

-           (2018a). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Indicadores estratégicos. Cuarto trimestre de  2017. Recuperado el 27 de diciembre de 2018.

-          (2018b). Módulo de Trabajo Infantil 2017. Indicadores básicos 2018. Recuperado el 7 de enero de 2019.

-          (2018c). Producto Interno Bruto Trimestral. Valores corrientes. Sistema de Cuentas Nacionales de México. Recuperado e 10 de diciembre de 2018.


(2017). Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2016. Nueva serie. Tabulados de hogares y viviendas 2017. Recuperado el 9 de enero de 2019.


-           (2013). Acervos de capital por entidad federativa. PIB y Cuentas Nacionales. México.


Medina, Alejandro (2018). Estos son los 16 mexicanos más ricos de la lista de Forbes 2018. Última actualización, 6 de marzo de 2018. Consultado el 14 de diciembre de 2018.


Marx, Carlos y Engels, Federico. (1984). Manifiesto del Partido Comunista, en Obras Escogidas en tres tomos. Ed. Progreso, Moscú


Marx, Carlos (1984). El Capital. Crítica de la Economía Política. Siglo XXI, Ed. México.


Milenio Digital (2017). Sin cifra oficial sobre la gente en situación de calle. 16 de julio de 2017. Recuperado el 5 de enero de 2019.


OXFAM

-          (2018a). Informe anual 2017. Oxfam México.

-          (2018b). Iguales. Consultado el 10 de diciembre de 2018

-          (2018c). México justo. Enero de 2018


Ortega, Ariadna (2017). 10% de los mexicanos concentra dos terceras partes de la riqueza en el país. Expansión





[1] Existen dos modalidades del pago por propinas. Una, donde por lo regular el capitalista asigna uno o dos salarios mínimos al obrero para cubrir los mínimos que la ley demanda sobre los derechos sociales fundamentales adquiridos, tales como la seguridad social y el Infonavit, siendo las propinas el mayor porcentaje de sus percepciones y la otra, donde éstas son la única fuente de ingresos del trabajador. En ambos casos la fuerza de trabajo no es propietaria de los medios de producción, es el sujeto activo del proceso laboral, crea plusvalía (cuando es trabajo productivo) o ayuda a transferir parte de ésta al capitalista, cuando se trata de trabajo improductivo, por lo que es proletario. Ya sea como parte o toda la suma de los ingresos, bajo la propina el capitalista descarga en el consumidor el pago del salario y con ello se queda con un porcentaje mayor de plusvalor. El primer caso es el más usual, e incluso existen establecimientos donde el porcentaje de la propina ya viene cargado de antemano en el importe total a pagar, siendo menores los casos en que el obrero vive por completo de las propinas del consumidor.

[2] Esto forma parte de las vías más descarnadas de la explotación capitalista, pues al amparo de las leyes laborales que impulsa el capital para su provecho, todo el tiempo de trabajo del obrero es tiempo de trabajo excedente para beneficio del capitalista. No por este hecho el trabajador deja de ser proletario. En este caso el capitalista ve consumada su más preciada ambición: la explotación al 100% de la fuerza de trabajo; el obrero se ve obligado a ser parte de este perverso mecanismo debido a que no solo tiene fundamento legal sino además porque es parte del engranaje del proceso social y productivo, como por ejemplo, el requisito de cubrir el servicio social como condición para la titulación en una carrera.

[3] Más adelante desglosaremos, hasta donde la estadística nos lo permita, la estructura interna de esta y las restantes clases sociales existentes en nuestro país.

[4] Se exceptúa de esta cuantificación total a los salarios de la clase obrera, ya que dichas estimaciones no lo consideran capital en su forma variable.

[5] El crecimiento del valor del capital total es mayor al capital creado por año debido a la acumulación progresiva de capital en el tiempo, a la existencia de capital ficticio en la parte financiera y a los flujos de capital que entran al país, entre otros.

[6] Del Castillo (2017a)

[7] OXFAM (2018a y 2018c)

[8] Medina (2018).

[9] Al tipo de cambio del 22 de diciembre de 2017, que era de 19.3649.

[10] Por pequeña burguesía entendemos a aquellos propietarios de medios de producción cuyo capital es tan pequeño que no pueden desprenderse del proceso laboral, particularmente de la transformación del objeto de trabajo; actúan como fuerza de trabajo junto con las tareas de dirección y control del negocio. También incluimos en esta clase social a quienes viven de su profesión y a los que subsisten con sus medios de producción propios sin emplear fuerza de trabajo. A estos dos grupos sociales también les denominaban Marx y Engels clases medias, entre las que también se encuentran los artesanos.

[11] Seguimos, por tanto, la consideración de Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, donde además de definirlo puntualmente, desde entonces nos aclara que por proletario entiende a la moderna clase obrera que se forma en el modo de producción capitalista, a diferencia de los obreros de las formaciones económicas anteriores. Más tarde, en El Capital y los textos que sirvieron de base, esta concepción de las clases sociales se fundamenta científicamente.

[12] El fundamento teórico se encuentra desarrollado por Marx en El Capital, Tomo I. Capítulo del salario.

[13] Un trabajador doméstico vive de su capacidad de trabajo y, como la paga es un fragmento del ingreso de quienes los ocupan sin producir un excedente de valor, no produce capital. Es trabajo improductivo, pero no deja de ser obrero.

[14] Las divisiones en los grados de calificación de los servicios no son exactas debido a la manera en que el INEGI hace la sectorización, por lo que nos guiamos en la tendencia mayoritaria en cada uno de ellos. Por ejemplo, en la rama de Transportes, comunicaciones, correos y almacenamiento, la tendencia mayoritaria es el trabajo complejo, habiendo trabajo relativamente simple en las labores de almacenamiento. En el Gobierno y organismos internacionales la mayoría del trabajo es administrativo, de mediana calificación, aunque coexiste con sectores menores de alta calificación como la actividad de dirección, de gestión y la consular. En los servicios sociales ubicamos al trabajo doméstico, mayoritario, coexistiendo con funciones menores de mediana calificación.

[15] INEGI (2018b).

[16] Milenio Digital (2017).

[17] INEGI (2017, Cuadro 2.2).

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Las elecciones de 2018 y el ciclo histórico que está por cerrarse en México

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Miguel Ángel Lara Sánchez

         La victoria aplastante del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) este 1 de julio llevó a la población en masa a las urnas como no se había visto en muchas décadas atrás. Quizá la más cercana sea la producida en 1988, cuando entró en crisis el sistema político basado en el partido único. Es un hecho que no puede ni debe ser minimizado, ya que fue en el proceso electoral de 2018 que estalló el rechazo social a las profundas consecuencias humanas de la política neoliberal. No llega tarde a la oleada de vientos democratizadores que anteriormente se produjeron en el continente, particularmente en Sudamérica, sino que, sabedora la oligarquía estadounidense de los ciclos históricos en nuestro país, retardó el estallido de la inconformidad social mediante la propagación del terror armando a los grupos del crimen organizado y confrontándolos entre sí.

La crisis del partido de Estado primero en 1988 y luego en 1994, con el asesinato de su candidato presidencial y la consiguiente confrontación entre las fracciones que detentaban el poder del Estado, marca el ciclo terminal del sistema político que se erigió tras la Revolución Mexicana y la posguerra. El ascenso vertiginoso de la influencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a comienzos del siglo XXI que recogía las aspiraciones de las clases sociales más golpeadas por la política neoliberal iba en la ruta de una transformación social en nuestro país para llegar puntualmente a la cita del ciclo histórico. Pero su confrontación con la fracción demócrata burguesa que representaba Andrés Manuel López Obrador en 2006 –que ya desde entonces logró hacerse de un apoyo popular mayoritario-, lo comenzó a aislar de ese vasto sector de obreros, semiproletarios del campo, campesinos pobres y pequeña burguesía revolucionaria que depositaron su confianza en esta organización de raíces profundamente indígenas. La segunda causa de esta alteración histórica es justamente la propagación del crimen organizado hasta convertirlo en el medio fundamental para contener el descontento social, al grado de devorar al Estado mismo y convertirlo en narcoestado.

Pero en el tiempo histórico ocho años de aparente retraso son apenas un suspiro. El ciclo se hizo presente y demandó un cambio. ¿Pero de qué tipo? En la Revolución Mexicana se desplazó a una clase social y a una fracción de clase del poder, es decir, a los terratenientes y a la fracción burguesa aliada a los monopolios norteamericano y europeo. Fue la victoria de la burguesía agraria exportadora norteña y de la incipiente burguesía industrial que se levantó sobre la aplastante derrota de los campesinos pobres y los obreros. Y no podía ser de otra manera, pues el proletariado mexicano apenas se encontraba en proceso de formación como clase. Recordemos que para 1910 apenas habían pasado escasos treinta o cuarenta años que el capitalismo se había convertido en el modo dominante de producción y que la clase obrera mexicana sumaba unos pocos millones de habitantes, concentrados casi por entero en las ramas económicas productoras de bienes de subsistencia: textiles, calzado y alimentos.

Cien años después el desarrollo capitalista en México, aunque dependiente principalmente de los EUA y con importantes signos de atraso, ya cuenta con un proletariado industrial y de servicios bastante numeroso, alcanzando aproximadamente el 80% de la población total; existe un proceso de proletarización de las clases medias que se aceleró por las secuelas económicas y sociales de la política neoliberal y recientemente los semiproletarios del campo y los obreros agrícolas alzaron la voz contra las condiciones de vida y de trabajo impuestas. Todo esto muestra la existencia de las condiciones materiales suficientes que posibiliten una revolución que cuestione el sistema de trabajo asalariado, pero no así de las condiciones subjetivas que la hagan posible.

Una transformación del modo de producir requiere la fuerza política que ha de demoler el poder de la oligarquía y en México esto aún no existe. Después de numerosos intentos por construirlo, la inexistencia del partido revolucionario de la clase obrera mexicana constituye el elemento esencial que está ausente para dicha transformación. La larga lucha por crearlo durante el siglo XX se diluyó en el momento en que prácticamente todas las organizaciones revolucionarias se autodisolvieron cuando se fusionaron con la fracción burguesa que se escindió del partido de Estado en 1988 y aceptaron ir a la cola de ella. Por el contrario, esta fracción se fortaleció hasta imprimir su sello de clase en lo que vendría a ser el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En dicho año la vergonzosa capitulación de Cuauhtémoc Cárdenas exhibió, como tantas veces la historia europea nos lo mostró en el siglo XIX y que brillantemente dejaran de ello testimonio Marx y Engels, el miedo de las diversas fracciones de la burguesía a la iniciativa revolucionaria de las clases trabajadoras, ya no digamos en el campo de batalla, sino inclusive en el terreno electoral. Miedo a defender el triunfo, temor a los vientos de cambio, así sean moderados; el autoexilio a la sombra del curso social. Todo esto pulverizó al cardenismo, lo condenó socialmente y tuvo que pagar con el severo desprecio de millones de trabajadores. Pero del seno de esta corriente emergió con fuerza otra figura de mayor sensibilidad política frente al cierre del ciclo histórico que ya reclamaba con fuerza su concreción. Andrés Manuel, de cuna de comerciantes y también militante activo de esa fracción burguesa desplazada del poder, cubrió ese vacío. Sin embargo, no fue el único. Durante ese momento histórico se alzó como fuerza política de alcance nacional el EZLN, pero con un programa anticapitalista que pronto ganó la adherencia de los sectores revolucionarios dispersos, del movimiento nacional indígena, de la pequeña burguesía revolucionaria y de algunos sectores del proletariado urbano y rural en tan solo apenas seis años.

Tras el objetivo propuesto, llevar la voz indígena al Legislativo a comienzos de este siglo, comete uno de sus principales errores: soltar los hilos del proceso de organización que había emprendido y ausentarse de la escena de la lucha de clases a nivel nacional, justo cuando la fracción más reaccionaria de la oligarquía en México llegaba al poder. El apoyo masivo que logró concentrar pronto se desvaneció y nuevamente la clase obrera y los campesinos pobres se quedaban sin un punto de apoyo para construir su propia organización como clase.

Caso diferente es el obradorismo, pues en tan solo un lustro logró recomponer el apoyo popular al proyecto demócrata burgués, ganando las elecciones en 2006. Pero tampoco se atrevió a encabezar el descontento social provocado por el fraude, apaciguando los ánimos; en 2012 volvió a ganar y tampoco estuvo dispuesto a conducir la resistencia civil. Dos veces amarró al tigre, parafraséandolo.

Los dos sexenios en que el Partido Acción Nacional fue gobierno desataron una lucha de los cárteles de la droga por los territorios y mercados en el país. Involucraron al ejército y al conjunto de los poderes del Estado y todos terminaron corroídos por aquellos, dejando una larga estela de cientos de miles de muertos y una profunda degradación social donde crecieron a niveles nunca antes vistos otra serie de atrocidades humanas como la desaparición de niños para prostituirlos o comerciar con sus órganos. Es la imposición de terror por los medios más monstruosos. La imposición del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 2012 acentuó todavía más esta degradación y descomposición social. Por ello, no fueron pocas las localidades en el interior del país que crearon cuerpos policiales propios llamados autodefensas, lo mismo entre los campesinos pobres, indígenas y en general los estratos más empobrecidos del campo, que sectores de la pequeña burguesía y burguesía agraria. El costo económico de esta descomposición también se propagó principalmente hacia aquellos sectores de la burguesía no monopólica y de la pequeña burguesía, pues cada vez se extendía más el pago de cuotas de protección al crimen organizado, creando un ambiente de incertidumbre en la inversión de capital.

En el plano político la impunidad, la corrupción y el cinismo se hermanaron con la penetración del crimen organizado en todas las estructuras del Estado. La gestión gubernamental acentuó el enriquecimiento ilícito de las cúpulas gubernamentales y la precarización de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores del campo y de la ciudad. Basta señalar, a título de ejemplo, el saqueo a la población resultado del aumento de precios a la gasolina y al gas y el virtual robo de la ayuda económica a los miles de damnificados por el sismo del 19 de septiembre de 2017. En suma, todas las condiciones económicas y sociales para un estallido social se estaban bifurcando.

Meses previos al proceso electoral de 2018, la oligarquía en el poder se fragmentó. Los monopolios que controlan los medios de difusión se dividieron; al interior del PAN hubo una fractura importante que culminó con la expulsión de tres de los panistas más prominentes a escasas horas de las votaciones; en el PRI también hubo divisiones, lo mismo que en algunos militantes del PRD. Finalmente, buena parte de estas fisuras terminaron alimentando a MORENA.

En el plano internacional, el viraje hacia el mercado interno producido por la fracción oligarca en el poder de los EUA cimbró la base sobre la que descansa una buena parte del intercambio de capitales al amparo del TLCAN: los bajos salarios de la clase obrera mexicana. No solo fueron cuestionados por el vecino país, sino además por el gobierno de Canadá, poniéndose al centro del debate de la renegociación del Tratado, exigiendo un aumento sustancial en los salarios, ya que estaban 38 veces menores en México con relación a los salarios mínimos, cuestión que confrontó a estos dos gobiernos con el priísta. Por su parte, la degradación económica y social producida en nuestro país se convirtió en un serio obstáculo a la política proteccionista del gobierno estadounidense porque era incapaz de contener la migración tanto nacional como la proveniente de los países centroamericanos. Por ello, la fracción oligarca que representa Trump retiró su apoyo a los oligarcas que hasta hoy habían sido beneficiados, cobijados y alimentados por aquella, decidiendo respaldar a Andrés Manuel. Asimismo, la estela de terror y muerte dejadas por el PRI y el PAN les valió el aislamiento internacional, pues Trump no fue el único que mandó previamente señales de apoyo a Morena, sino también Canadá y Rusia por citar los más relevantes.

No debemos olvidar que la mayor parte de la riqueza en México, del capital, se encuentra en manos de la oligarquía norteamericana; hoy la dependencia es más aguda porque la oligarquía mexicana no tuvo las agallas para defender las vías propias de la acumulación del capital en nuestro país y por el contrario, aceptó, a cambio de migajas, la destrucción de importantes ramas económicas que nos daban cierta acción soberana desde que se impuso el modelo neoliberal, favoreciéndose solo unas cuantas familias con el intercambio comercial al amparo del TLCAN. Por eso no es casual que de pronto y de manera tan “civilizada” el candidato del PRI haya súbitamente aparecido en los medios reconociendo su derrota y que el del PAN hiciera lo mismo casi de manera simultánea. ¿Cuándo en la historia, y sobre todo en la reciente, se habían comportado tan maduramente como perdedores, si ambos partidos son una fábrica de corrupción y autoritarismo?

Andrés Manuel no es parte de la oligarquía hasta hoy gobernante, de esa que es dueña del capital financiero, de los grandes monopolios industriales y de los grandes terratenientes exportadores. En este sentido no es una cabeza más de esta hidra, pero sí es un representante del desarrollo capitalista que se inclina hacia el impulso del mercado interior sin romper los nexos económicos con los capitales norteamericanos, e incluso sin romper con los hilos de la dependencia. Estos son sus límites, y por ello coinciden en la visión de corto plazo de la conducción económica con la actual administración estadounidense. Pero, sin embargo, esto hace una gran diferencia. Como sabe que ese sector oligarca que hoy quedó aislado, la “mafia del poder”, de momento no moverá por sí sola un dedo para impulsar la acumulación de capital, por eso desde temprana hora anunció una fuerte inversión de capital desde la gestión estatal, que se sumará al apoyo financiero que los EUA han ofrecido.

Por lo tanto, este 1 de julio hubo una condena social, masiva, a esa descomposición que hace pender la vida de un hilo[1] y que atinadamente supo encauzar y conducir Andrés Manuel hacia el voto en las urnas, pero tampoco nos debe llevar al error de negar que la mano que mece la cuna retiró el apoyo a sus tradicionales socios en México para dárselo a quien empata más con sus planes. Por eso la suavidad con que se está produciendo la llamada transición y de ahí que ya no fuera necesario soltar al tigre.

Por otra parte, el hartazgo social expresado en las urnas situó al PRI en la peor de sus condiciones en toda la historia, al quedar como tercera fuerza muy disminuida y con una división interna que se acentuará conforme el nuevo gobierno vaya desplegando su proyecto. Ahora la segunda fuerza partidaria es el PAN, es decir, la fracción más reaccionaria, la ultraderecha, también con vistas a debilitarse más ante la confrontación interna, que fue más virulenta que con el PRI.

Hoy Morena se ha convertido en ese partido de composición pluriclasista, liderado por la democracia burguesa de corte nacionalista, y más en específico, con una fuerza demócrata constitucionalista con fuerte apoyo popular, que otrora fuera el PRI antes de la era neoliberal. A diferencia de los partidos de la oligarquía, es de esperarse que se nutra de los indecisos y de todos aquellos que quieran incorporarse a una nueva etapa de desarrollo capitalista, por lo que en un tiempo breve será el partido con la mayor fuerza en todos los rincones del país, ya sea solo o en alianza con otros partidos, en la medida que no se aleje de las promesas de campaña fundamentales.

Respecto al PRD, de haber surgido como una fuerza política representativa de la democracia burguesa de corte nacionalista teniendo como aliado a su interior en 1988 a la mayoría de las fuerzas que se reclamaban “revolucionarias de izquierda”, desde hace tiempo se convirtió en un instrumento más de la oligarquía que gobierna este país, en un partido satélite de la llamada “mafia del poder” que, en su descomposición política e ideológica, llevó su degradación todavía más lejos, terminando de tapete de la ultraderecha panista.  Es tanta su putrefacción, que solo debido a esta alianza ha logrado salvar el pellejo de una representación en las cámaras, con la probabilidad de que pierda el registro como partido. Mención especial merecen aquellos individuos y corrientes políticas que, proviniendo de las autollamadas “organizaciones revolucionarias” o “marxistas”, impulsaron la alianza con la ultraderecha reaccionaria, renegando de los principios bajo los cuales fueron formados políticamente. Son traidores a la clase obrera, traidores no solo de los principios, sino incluso de los valores éticos más elementales del ser humano como ser social. Son los Zambrano,  los Ortega, los Barrales, etc. Pero no los únicos. También entran en crisis las corrientes perredistas que convalidaron la sumisión al PAN. ¿Cómo explicarán, además, ahora personeros de la democracia burguesa nacionalista que formaron parte de este lodazal con la ultraderecha su tremendo error histórico  y sobre todo, qué autoridad moral tendrán para continuar en el movimiento social triunfante que justamente enarbola las banderas que antaño pregonaban?

Si buscásemos en nuestra historia inmediata un fenómeno social parecido con el objeto de ver lo nuevo que se abre en esta coyuntura histórica resultado del triunfo de MORENA en las elecciones, el antecedente inmediato lo tenemos en el cardenismo. En ese período a dicha fracción de la burguesía mexicana le tocó el papel de completar la construcción de los órganos del Estado capitalista, así como las bases de la dominación burguesa sobre los obreros y campesinos, incluido el corporativismo. Desde el punto de vista económico, su papel consistió en el impulso de las ramas económicas que son indispensables para el proceso de industrialización y de acumulación de capital en general, entre las cuales merecen especial atención las comunicaciones y los transportes porque son las condiciones generales materiales de la reproducción del capital a escala social; también le correspondió sentar las bases en la mayor parte del territorio para la agricultura capitalista. Hoy, entre las propuestas del programa de Andrés Manuel se asoma con nitidez el fortalecimiento del mercado interno, lo que supone el impulso de ramas estratégicas en el desarrollo capitalista y el mejoramiento sensible de los salarios e ingresos en general de las clases trabajadoras. Esta es una gran empresa que tiene una diversificación en sus aplicaciones, la cual debemos acompañar e impulsar en todas aquellas tareas que beneficien las condiciones laborales, de vida y la acción política de los obreros y campesinos empobrecidos, y no va a ser suficiente un sexenio para hacerla realidad. Pero también salta a la vista que no hay iniciativas en MORENA que modifiquen el carácter del actual Estado mexicano, aunque esta coyuntura abra la posibilidad de hacerlo, por ejemplo, para transitar hacia un Estado donde florezca la democracia y la participación populares en las tareas políticas y sociales, como sucede, por ejemplo, en Islandia o en Noruega. Aún no sabemos si entre sus tareas, además del restablecimiento institucional de los poderes del Estado -y que pasa por acabar con la corrupción, la impunidad y el crimen-, se encuentra la liquidación del corporativismo. Tampoco encontramos iniciativas que nos permitan confirmar si transitaremos hacia una mejor inserción en la división internacional del trabajo, remodelada por la computación binaria, o si aspiraremos hacia la evolución del TLCAN como un bloque económico y no como una relación de tintes neocoloniales como actualmente lo es, o nos insertaremos en uno de los bloques ya existentes. El tiempo dirá hacia donde se orienta la fracción burguesa que ahora conducirá la mayoría de las estructuras del Estado mexicano, pero lo que sí podemos afirmar es que estas grandes tareas solo son posibles si las clases sociales más numerosas del país se involucran de manera activa y decidida.

Sin embargo, aún en el supuesto de que este viraje se produjese, faltaría otra gran tarea por concretarse, la más importante: aquella que prepara las bases para la abolición del trabajo asalariado, es decir, la organización del proletariado como clase, su propio partido. El cierre de este ciclo histórico, que comenzó con el triunfo de Morena en gran parte del país el 1 de julio, debió haber sido el triunfo del proletariado como clase dominante. Pero no fue así. El predominio del sectarismo es una de las causas. Propagado con frenesí en los años setenta  y ochenta del siglo anterior y luego continuado en las filas de los luchadores sociales revolucionarios que se formaron a fines del siglo anterior y principios del actual, incluido el neozapatismo, en realidad el sectarismo es el individualismo burgués manifiesto como verdad única, acentuado por la ideología neoliberal.  Decir que solo se hace lucha anticapitalista en las comunidades indígenas autónomas negando la acción social de miles de mexicanos que la han llevado a cabo antes y después de la aparición del EZLN constituye una acción eminentemente sectaria.[2]

Pero este no es el único nudo que impide la organización del proletariado en clase. El segundo, y no menos importante por ello, radica en la descomposición política e ideológica de los luchadores sociales que abandonaron el programa de la clase obrera. Ya sea dentro o fuera de las filas del perredismo, una parte de esta fuerza social sucumbió tanto a la influencia de la inmoralidad burguesa, que en este proceso electoral terminó del brazo de la fracción oligarca más reaccionaria –la del acendrado odio clasista contra los trabajadores-, no solo divorciada, sino además confrontada con las aspiraciones inmediatas de los millones de obreros y pobres del campo mexicanos. Esto, por un lado.

Por otro, el clima represivo y de terror impuesto desde la cúpula de la oligarquía norteamericana en casi todo el país, terminaron por cerrar dicho ciclo justo casi como empezó: con el desplazamiento del poder de una fracción de la oligarquía por otra fracción de la burguesía.

Afortunadamente hay una diferencia notable: hace poco más de 100 años el proletariado apenas comenzaba a formarse en sus sectores más elementales, pero ahora, con todo y que se han destruido importantes cadenas de producción y que la mayor parte de las entidades económicas –más del 90% que corresponden a la microempresa- apenas rebasan la escala de la reproducción simple, el proletariado mexicano constituye aproximadamente el 80% de la población total junto con los jornaleros del campo. Esta es una diferencia de primer orden. Conquistar la democracia en los mayores espacios posibles, luchar por una condición humana lo más digna posible en lo que puede dar el régimen actual de producción con una clase obrera y semiproletarios del campo revitalizados, se facilita si al mismo tiempo que se acompaña al obradorismo en aquellos objetivos que son comunes a la lucha del pueblo trabajador, los obreros y sus aliados naturales van construyendo la organización del proletariado como clase.

 5 de julio de 2018


(Versión PDF en el link del Índice de Temáticas)

[1] Ya sea que lo definamos como “tsunami electoral” o “insurrección”, como lo denominan Jalife y Rafael Barajas, respectivamente, la esencia de lo sucedido consiste en ese reclamo social, la condena  masiva a una forma de gobernar que niega los derechos elementales del ser humano, incluida la vida.

[2] Hernández A., Javier (2018). El neoliberalismo que continúa con AMLO. https://zapateando.wordpress.com/2018/07/02/el-neoliberalismo-que-continua-con-amlo/

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La situación laboral de los trabajadores en la Ciudad de México

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Miguel Ángel Lara Sánchez[1]

A partir de que las relaciones capitalistas de producción comenzaron a integrarse a escala planetaria teniendo como ejes de la acumulación a las corporaciones multinacionales de los países más poderosos, en México el tan ansiado desarrollo económico y social ha tenido que esperar, pues la aplicación de las políticas neoliberales y particularmente la aplicación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) ha producido el efecto contrario, es decir, un proceso de desindustrialización y degradación de las condiciones de la clase obrera mexicana urbana y del campo, así como de los restantes segmentos de los trabajadores, que nos hace retroceder hacia las condiciones imperantes de la posguerra.

En nuestro país se produce una masa importante de riqueza cada año, que cuantificada para el año 2016, sumaba poco más de 20 billones de pesos, de los cuales solo el 23.41% corresponde a los ingresos de los obreros asalariados, cuando en 1994, año en que se puso en marcha el TLCAN, representaba el 32.96%. En otras palabras, a partir de la integración a este bloque comercial recibimos casi 10% menos de la riqueza total que producimos, mientras que las ganancias netas de los dueños del capital en 1994 equivalían al 56.13% del Producto Interno Bruto, pero 22 años después aumentaron al 66.40%.[2]

Por estos resultados, del total de los países que integran la Organización Económica para Cooperación y el Desarrollo (OECD), México es el que ocupa el último lugar en las percepciones salariales de sus trabajadores, pero se encuentra entre los primeros lugares en obtención de márgenes de ganancia para los empresarios.

Sin embargo, en la vida real entre obreros y campesinos pobres somos más de 80 millones de personas, representando casi el 80% de la población total, mientras que los dueños del capital y la tierra suman poco más de 4 millones de habitantes. De ello resulta que el ingreso promedio diario de un obrero es de dos salarios mínimos, que en la actualidad es de $177.00, lo cual refleja la gran pobreza y la depauperización existente de la gran mayoría de los mexicanos, mientras que, por el contrario, los grandes empresarios reciben en promedio aproximadamente seis millones de pesos al día de ganancia neta, teniendo extremos como el de Carlos Slim, que gana hasta 143 millones de pesos al día.[3]

Esta extrema polarización de la riqueza se acompaña de una situación laboral también de extrema pecarización, donde solo un puñado de obreros cuenta con empleo permanente, mientras que la mayoría sobreviven del subempleo y de la economía informal, donde no existen las prestaciones económicas. Pero ni siquiera los obreros que tienen un contrato de empleo estable se salvan de esta degradación, pues han perdido una gran cuantía de materia de trabajo que ha pasado a manos del contratismo y el subcontratismo; sus prestaciones contractuales han venido de más a menos y con las modificaciones recientes a la Ley Federal del Trabajo está virtualmente abolida la jornada legal de ocho horas, pues es común encontrar jornadas de nueve o hasta once horas, sin pago del tiempo extra correspondiente.

Tales modificaciones a la ley aceleraron la expansión del contratismo, la pérdida de derechos laborales y la reducción de las percepciones salariales. Este entorno de pauperización acelerada y de incertidumbre laboral no es ajeno a los trabajadores de la Ciudad de México. De un total de poco más de 9 millones de habitantes que había a 2015, solamente 4.14 millones tienen un empleo, pero si descontamos a los que son patrones, a los que laboran por cuenta propia y a los que viven de no de un salario sino de otro ingreso inestable como las propinas, resulta que solamente 2.9 millones de trabajadores son asalariados.

Pero de estos últimos nada más 1.6 millones tienen un contrato de planta; los demás son contratos temporales o incluso laboran sin contrato alguno. Es el mundo del llamado outsourcing, el contratismo con una degradación laboral casi llevada al límite máximo.

En consecuencia, del total de 7.1 millones de personas en edad de trabajar que hay en la Ciudad de México, solamente 1.6 millones cuentan con un empleo relativamente estable, es decir, el 21%. Lo demás está abandonado al desempleo, subempleo, la economía informal y la indigencia. Y esto ocurre en una de las ciudades de mayor crecimiento y producción de ingreso, donde el 11% solo percibe un salario mínimo, el 34.6% hasta dos salarios mínimos y el 56% sobrevive con hasta tres salarios mínimos al día.[4]

Nuestra ciudad capital es fiel reflejo del proceso de involución impuesto por la voracidad de los capitales norteamericanos al amparo del TLCAN, donde la desindustrialización y el consiguiente rompimiento de las cadenas productivas nacionales han acentuado la pobreza y degradado el proceso global de producción. Hacia el año 2016 a nivel nacional el llamado sector servicios o terciario alojaba al 60.74% de la fuerza de trabajo total ocupada, mientras que en la capital representaba el 81% del total de los obreros y trabajadores empleados; en las actividades primarias a nivel nacional se concentraba el 13.28% de los trabajadores con empleo, en tanto que en la capital representaba el 0.58%, y en la actividad industrial o también llamada sector secundario, se empleaba al 25.43% de los trabajadores ocupados, en tanto que en la CDMX solo lo hacía el 18.17% (Cuadro 1).

El empleo de la mayor parte de la fuerza de trabajo en el sector servicios coincide con la tendencia mundial del empleo, aunque en la Ciudad de México este tipo de ocupación es muy intensivo, ya que supera en 20 puntos porcentuales la media nacional. Siendo uno de los centros de aglutinación de la migración laboral campesina desde los años de posguerra, la ciudad capital tiene un bajo porcentaje de fuerza de trabajo dedicada a las actividades primarias, muy por abajo del porcentaje nacional; y tratándose del sector industrial, también se encuentra por debajo de la media nacional con menos de 7 puntos porcentuales de diferencia. Esto revela que la producción de capital fijo (maquinaria, equipo, etc.) en la Ciudad de México  se encuentra por los suelos, siendo la base de la acumulación de capital y el desarrollo económico.

CUADRO 1. POBLACIÓN OCUPADA POR SECTOR DE ACTIVIDAD A NIVEL NACIONAL Y EN LA CIUDAD DE MÉXICO, 2016. Porcentajes

 

SECTOR PRIMARIO

SECTOR SECUNDARIO O INDUSTRIAL

SECTOR TERCIARIO O DE SERVICIOS

NO ESPECIFICADO

NACIONAL

13.28

25.43

60.74

0.77

CDMX

0.58

18.17

81.0

0.25

Fuente: Construido con datos de: INEGI (2017). Encuesta nacional de ocupación y empleo. Consulta interactiva de indicadores estratégicos (Infolaboral). Población ocupada según actividad económica, en: www.inegi.org.mx y Anuario estadístico y geográfico de los Estados Unidos Mexicanos, 2017

 Pero observando al interior del llamado sector terciario, la situación también es dramática, pues de sus 3.3 millones de trabajadores, solo el 37% es trabajo calificado, es decir, el alojado en los sectores de Comunicaciones, Transportes y Correo, Servicios financieros, profesionales y corporativos, y del Gobierno y organismos internacionales, mientras que el 63% está alojado en los servicios que no requieren calificación tales como el comercio, restaurantes y hoteles, domésticos, sociales y servicios diversos.[5]

La economía de la CDMX es una economía mayoritariamente de servicios de baja o nula calificación, lo que es reflejo del atraso económico y consecuencia del apego de los gobiernos y de la oligarquía a los intereses de las grandes corporaciones extranjeras, principalmente la estadounidense, patentado en las reformas llamadas estructurales que terminaron por medrar el débil sector industrial de la ciudad.

Socialmente hablando, esta precarización se refleja en que únicamente el 36% de los habitantes de esta ciudad tiene acceso a los servicios públicos de salud de manera estable, es decir, bajo un empleo permanente; que la mayor parte de las actividades culturales y recreativas se encuentren privatizadas y  que solo el 18% de los jóvenes tienen acceso a la educación profesional a cargo del Estado.

Por lo tanto, un gobierno de la Ciudad de México que no se encuentre sometido a las visiones neoliberales, a las formas más descarnadas y depredadoras de la reproducción del capital, es obligado que tenga que dar un golpe de timón. En lo laboral se enfrenta a necesidades tan apremiantes como retomar la senda de la industrialización y del desarrollo, adecuándose a las formas más evolutivas del proceso de producción, promoviendo la asimilación de las formas tecnológicas basadas en la computación digital, la robótica, la biotecnología y la nanotecnología. Debe acentuar la promoción de los servicios que tienen como eje el trabajo calificado, salir del marasmo de la precariedad salarial y laboral impulsando condiciones de vida y de trabajo dignas, mejorando sustancialmente los ingresos de los trabajadores de nuestra ciudad y combatiendo el individualismo, la depredación empresarial y el corporativismo mediante el estímulo de las organizaciones sindicales auténticamente democráticas, el fomento del trabajo asociado y de las formas cooperativas en la producción, el consumo y las finanzas.

Mayo de 2018



[1][1] Doctor en Economía, integrante de la planta docente de la Carrera de Economía en la FES Aragón, UNAM.

[2] INEGI. Anuario Estadístico de los Estados Unidos Mexicanos, 2016 y 2017. Cuadros 13.4

[3] LARA Sánchez, Miguel A. (2017). Políticas públicas y reproducción del capital en Méxicowww.estudioscriticos.org Consultado el 3 de marzo de 2018.

[4] INEGI (2017). Anuario Estadístico y Geográfico de la Ciudad de México, 2017, Cuadros 10.2 y 10.3, México.

[5] Ibid.

Puedes descargar la versión PDF en el link inferior.

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Políticas públicas y reproducción del capital en México

Miguel Ángel Lara Sánchez

Cuando hablamos de las políticas públicas estamos haciendo referencia al conjunto de los órganos de poder existentes en una formación económico-social determinada, pero particularmente de los que conforman el Estado. Tales políticas comprenden dos grandes esferas de acción: la primera tiene que ver con el aseguramiento y reproducción de la dominación política de la clase o fracción dirigente sobre las clases trabajadoras y las restantes clases sociales, y la segunda, con la  afirmación y extensión de las condiciones económicas que son la base de su dominio, esto es, con la valorización creciente del capital y del conjunto de las relaciones de producción que le son inherentes.

Dicho proceso de valorización en nuestro país generó una riqueza anual de 18.2 billones de pesos en el año 2015 la cual se reparte entre todas las clases sociales existentes. Por la información que emite el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), sabemos que de ese total producido, 4.3 billones de pesos (BDP) corresponden a los trabajadores, asalariados y no asalariados, y representan apenas el 23.85% del Producto Interno Bruto (PIB); el 6.97% se va a las arcas del gobierno federal en forma de impuestos a la producción y a las importaciones, mientras que el 66.26% conforma el Excedente bruto de operación que se lo reparten las clases sociales que son dueñas de los medios de producción.

México es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) donde los obreros perciben el porcentaje más bajo de la riqueza que generan y por tanto, es la nación donde el margen de plusvalía es uno de los más altos tomando en cuenta los países de dicha agrupación.

Texto completo y versión pdf en el Menú de Publicaciones recientes

Public policies and capital reproduction in Mexico

Miguel Ángel Lara Sánchez

When we talk about public policies, we are referring to the set of existing power bodies in a specific socio-economic formation, but particularly those that make up the State. Such policies include two broad action spheres: the first has to do with the assurance and reproduction of the political domination of the ruling class or fraction over the working classes and the other social classes, and the second, with the affirmation and extension of the economic conditions that are the basis of its domain, that is, with the increasing capital valorization and the set of production relations that are inherent in it.

This valorization process in México generated a 18.2 billion pesos annual wealth in 2015, which is distributed among all existing social classes. For the information issued by the Statistics and Geography National Institute (SGNI), we know that these total produced, 4.3 billion pesos (BDP) correspond to workers, salaried and non-salaried, and only represent 23.85% of Gross Domestic Product. (GDP); 6.97% goes to federal government coffers of the form of production taxes and imports, while 66.26% make up the operation gross surplus that is distributed among the social classes that own the means of production.

Mexico is the Organization for Economic Co-operation and Development(OECD)  country where workers perceive the lowest wealth percentage they generate and therefore, is the nation where surplus value margin is one of the highest taking in account these grouping countries.

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